Zohran Mamdani, con una ambiciosa agenda
- Raul Breton

- Jan 12
- 3 min read

Mientras los neoyorquinos celebraban la llegada del Año Nuevo y miles de personas se congregaban en la mundialmente famosa plaza de Times Square para ver bajar la tradicional enorme manzana desde lo alto del edificio de One Times Square, Zohran Mamdani prestaba juramento como el alcalde número 111 de Nueva York, justo a medianoche.
El juramento del cargo se llevó a cabo en una estación en desuso del subway, el tren subterráneo de Nueva York, debajo del Ayuntamiento de la ciudad. Después, hubo una fiesta pública en el tramo de la calle Broadway conocido como el Cañón de los Héroes, un lugar emblemático donde se han celebrado logros de la ciudad y de la nación y se ha rendido homenaje a astronautas, atletas, artistas, veteranos de guerras y otros.
La fiscal general del estado de Nueva York, Letitia James, le tomó el juramento a Mamdani.
“Este es realmente el honor y el privilegio de toda una vida”, expresó el primer alcalde musulmán de la ciudad desde la ancha escalera de la estación del metro.
Mamdani, que tiene 34 años de edad, es también el primer socialista democrático que preside el gobierno de Nueva York. En la elección del 4 de noviembre, derrotó por más de un millón de votos a Andrew Cuomo, ex gobernador del estado, que contaba con el respaldo del presidente Donald Trump. Ahora Mamdani debe gobernar la ciudad cumpliendo las promesas que hizo en su campaña electoral y que le dieron el voto de la mayoría de los neoyorquinos.
Mamdani dijo el año pasado que hizo su campaña “en poesía”, es decir, con idealismo, pero que gobernaría “en prosa”, o sea, con un sentido práctico. No será fácil, porque sus propuestas son ambiciosas y radicales, y él lo sabe.
Mamdani quiere resolver uno de los mayores problemas de la Gran Manzana: el disparado costo de la vivienda. Ha prometido congelar los alquileres, y construir 200.000 unidades residenciales de alquiler controlado en 10 años.
Muchas personas que trabajan en Manhattan no pueden costear una vivienda en la ciudad y deben vivir en las afueras: al norte, en el condado de Westchester, o al otro lado del río Hudson, en Nueva Jersey. Algunos viven incluso todavía más lejos, en el estado de Connecticut.
Un estudio en Nueva York cuesta actualmente alrededor de 2.000 dólares mensuales en las áreas más económicas de la urbe, y más de 4.000 en zonas más caras, como el distrito financiero de Wall Street, según compruebo en el portal de alquileres residenciales apartments.com. Cambiar esa situación para que la ciudad pueda ser el hogar de muchos de los que trabajan en ella será una proeza titánica.
Con el fin de que Nueva York sea más asequible, Mamdani también planea abrir mercados municipales donde los productos se vendan a precios mayoristas. Y, tras calcular que uno de cada cinco neoyorquinos tiene dificultades para costear el transporte público, quiere que el uso de los autobuses de la ciudad sea gratis.
El nuevo alcalde propondrá una ley municipal que elevaría el salario mínimo a 30 dólares la hora, diciendo que en la ciudad más rica del mundo, ganar el salario mínimo no debería significar que se vive en la pobreza.
Asimismo, observando que el elevado costo del cuidado infantil causa que muchas familias se vayan de Nueva York, Mamdani quiere ofrecer cuidado gratuito para niños desde las seis semanas hasta los cinco años de edad.
En cuanto a la seguridad ciudadana, un recién creado Departamento de Seguridad Comunitaria se encargará de prevenir la violencia considerándola un problema de salud pública, y enviará trabajadores sanitarios, en vez de policías, para atender casos de crisis de salud mental.
Mamdani piensa costear todos estos planes elevando los impuestos al uno por ciento más adinerado de la población de la ciudad, una medida que ya ha disparado las alarmas de los acaudalados y que ha puesto a sus heraldos en los medios de tendencia conservadora a lanzar críticas disparatadas contra el nuevo alcalde.
Pero Mamdani no se arredra, y sube la parada prometiendo fortalecer la defensa de los inmigrantes y poniendo fin a cualquier cooperación con el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), que con sus frecuentes redadas ha creado un ambiente de terror entre la comunidad inmigrante de toda la nación.
¿Logrará Mamdani implementar sus planes en la ciudad que nunca duerme, en la capital mundial de las finanzas? Cumplir sus promesas parece una misión imposible, pero si lo consigue, Nueva York experimentará un cambio tan histórico como necesario y favorable para la inmensa mayoría de sus trabajadores. Un cambio digno de una celebración por todo lo alto en el Cañón de los Héroes.






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