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Lucho, contra todos los canallas




El franco suele pagar un alto precio en un mundo dominado por la hipocresía. Es de valientes tomar atajos para enviar mensajes directos en un ecosistema en donde predomina lo banal, las poses simuladas y las falsas maneras. A todo aquel que suele expresar lo que guarda en su íntima convicción se le acusa de caminar por el borde de la altanería y de la arrogancia. Ser políticamente ‘correcto’ es lo correcto en un mundo en donde canallas, trepadores y carroñeros dominan una sociedad de cómplices en la que se protegen unos a otros. Luis Enrique, por su estilo directo y desafiante, ha sido blanco perfecto de inmerecidas críticas por parte de cierta prensa con terruño en la capital española que jamás le ha perdonado su manera de ser. Rebelde y contestatario desde su etapa de jugador hasta su consagración como uno de los mejores técnicos del fútbol mundial. Jamás le ha temblado el pulso para la toma de decisiones, unas veces emocionales, otras veces racionales sin importarle el ‘qué dirán’. Su éxito como técnico del PSG no es casual. Luis Enrique es un estratega de la táctica, un excepcional motivador, domador de egos de superestrellas ‘sabelotodo’ como el mismo Mbappé. En su momento supo hacerle ver al mismísimo Messi cuáles eran los caminos para conducir al Barcelona a la conquista de otro triplete. Para él nada está por encima del bien común, del trabajo colectivo y del respeto a las tácticas y estrategias preestablecidas. Las genialidades individuales nacen de un sinnúmero de factores que involucran a todos. Quizás el segundo mejor alumno de las ideas cruyffistas después de Guardiola, ideas a las que les ha agregado algo de verticalidad al momento del ataque, sin renunciar a esas profundas convicciones que obligan a la posesión, presión alta, rápidos y sutiles pases de circulación de balón y orden táctico. El arte sobre lo rústico. El cómo por encima del qué. El fin no siempre lo justifica todo. El fútbol, deporte que muchas veces se viste de canalla y termina premiando al que no ha sido el mejor, en este caso fue muy justo, porque el PSG de Luis Enrique fue dominador absoluto de principio a fin de una final de Champions muy desigual, a pesar de los hipócritas que apostaban por su fracaso para encontrar materia prima para seguir bombardeando su manera de ser. Contra Lucho no han podido.

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