Dionis Fernández recuerda lo más amargo que vivió con Sergio
- Raul Breton

- Jan 16
- 4 min read

Por: Güira y Tambora
A principios de los años 80, Sergio Vargas era apenas un muchacho con talento, pero sin padrino. Había participado en aquel festival de La Voz buscando lo que buscan todos los que sueñan: una oportunidad real.
Y aunque la gente lo vio, aunque muchos hablaron de él, la vida no le abrió la puerta de inmediato. Sergio volvió a su casa, con el alma cargada, esperando lo que no siempre llega un empresario, un patrocinador, alguien que dijera a este muchacho hay que apoyarlo.
En ese mismo tiempo, en la capital, Dionis Fernández tenía su orquesta: El Equipo. Una agrupación con disciplina, con nivel, con hambre de sonar. Pero la orquesta estaba pasando por un momento delicado Sandy Reyes se había ido, y a Dionis le faltaba una pieza.
Fue ahí cuando le hablaron de un joven que estaba en su casa, con una voz privilegiada
“Dionis, hay un muchacho en Villa Altagracia se llama Sergio.
Dionis, que era de los que olía el talento a distancia, no lo pensó dos veces. No mandó recado. No mandó emisario. Él mismo viajó. Llegó a Villa Altagracia bajo un fuerte aguacero y buscó al muchacho.
Porque Dionis no fue solo a probarlo. Dionis fue a rescatarlo.
Se lo llevó para Santo Domingo, lo llevó a una boutique, le compró ropa, le dio algo de dinero, y le dio algo más importante que cualquier prenda: le dio presencia.
Dionis sabía que en la música no basta con cantar, hay que proyectarse, hay que pararse como artista.
Y Sergio, de la mano de Dionis, comenzó a cantar en El Equipo, junto a Charlie Rodríguez. Y lo que vino después fue una cosecha.
Pasó un año, tal vez dos, y Sergio ya no era “el muchacho nuevo”. Sergio era el que estaba grabando, sonando, subiendo.
Pero mientras él crecía, también crecía algo peligroso, la mirada de los empresarios. Porque en el merengue, cuando tú estás sonando, no solo te oyen los fanáticos. Te oyen los dueños del negocio.
Y entonces llegó la noche que Dionis Fernández jamás olvidó.
Una fiesta importante. Un compromiso grande. Todo el mundo en movimiento: equipos de sonido entrando, micrófonos, instrumentos, la banda montándose. Era de esas noches donde un error te cuesta el nombre.
Sergio ya estaba ahí, listo para cantar. Pero de repente aparecieron dos figuras que no estaban en el libreto: Cholo Brenes, un empresario de peso, y otro hombre que nadie conocía.
No fueron donde Dionis. No hablaron con la orquesta. No pidieron permiso. Fueron directo al punto aprovechando que Dionis en camerino
“¿Dónde está Sergio Vargas?”
Aquí estoy dijo Sergio, Y ahí mismo, sin anestesia, le soltaron la oferta.
“Vente con nosotros pa’ Los Hijos del Rey”.
Así, crudo y sin censura. Como se hacían las cosas en esa época: con promesas rápidas y decisiones en segundos. Ven con nosotros que de aquí salió Fernandito ven con nosotros que viajarás pa fuera de una vez
Y Sergio, sin consultarlo, sin hablar con Dionis, sin mirar a los músicos con los que estaba tocando, se fue esa misma noche. Se montó y se fue. Como si nada.
Cuando Dionis Fernández llego que se posicionó en su piano, marcó tres Y de pronto, Dionis mira donde va Sergio… y Sergio no está.
Dionis preguntó, con esa autoridad de director que siente cuando algo está fuera de sitio.
“¿Y Sergio Vargas?”
Y un trompetista le respondió, como quien da una noticia mala y no quiere mirar a los ojos.
“Se fue… se lo llevó Cholo Brenes”.
Dionis no lo podía creer. No por celos, ni por ego, sino por una palabra que en la música vale más que el dinero: lealtad.
Dionis contó esa anécdota como un trago amargo, porque una cosa es que tú te vayas con una propuesta, y otra cosa es irte así, en la cara del compromiso, sin hablar, sin despedirte, sin respeto.
Sergio se quedó un par de años con Los Hijos del Rey. Sonó, se movió, creó su camino. Pero la vida, a veces, pone al artista a mirar hacia atrás.
Y Sergio volvió. No aguanto esa orquesta porque se movían muchas cosas raras
Volvió al Equipo de Dionis Fernández. Y ahí fue donde pasó algo que no se ve todos los días: Dionis lo aceptó, lo perdonó, y no solo eso, volvieron a pegar juntos. Volvieron a cosechar éxitos. Se hicieron compadres.
Tiempo después, le volvieron a tirar el anzuelo a Sergio.
“Vuelve pa’ Los Hijos del Rey”.
Y esta vez la oferta no era de relajo. Era una de esas ofertas que cambian vida una casa en una zona exclusiva de la capital, dinero en efectivo, y un Mercedes Benz. Y la orquesta ya no sería los hijos del rey ahora se llama Sergio Vargas y los Hijos del Rey.
Era el paquete completo.
Y aquí vino la diferencia, la parte que demuestra madurez y demuestra que Sergio aprendió.
Esta vez Sergio sí habló con Dionis. Fue donde su mentor y le dijo:
“Compadre… me están ofreciendo esto. ¿Qué usted crees?”
Dionis lo miró a los ojos y en vez de actuar como un jefe herido, actuó como un verdadero maestro. Y le dijo que sí. Que se fuera. Que aprovechara. Que esa oportunidad era grande.
Porque Dionis entendió algo que solo entiende el que de verdad quiere ver a otro crecer: el artista no puede quedarse pequeño por lealtad.
Y así fue como la relación entre Sergio Vargas y Dionis Fernández pasó por lo peor, y aun así terminó dejando una huella grande en la historia del merengue.




Comments