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Amaury Pérez, Premio Nacional de Música en Cuba


Este lunes le fue otorgado el Premio Nacional de Música a Amaury Pérez Vidal. Es un reconocimiento justo para un cantautor que comenzó a darse a conocer desde los inicios del llamado Movimiento de la Nueva Trova, un territorio sonoro del que hoy permanece el legado, la contribución —o como queramos llamarle— a esa manera de entregar canciones con el nervio de la poesía.

Amaury es un artista controvertido. En realidad, no se trata de un rasgo que lo identifique de manera exclusiva, pues la polémica es un atributo que acompaña a legiones de artistas. Su obra es conocida y cuenta con un público fiel. No es exactamente el mismo que ha seguido a Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, Vicente Feliú o Santiago Feliú, pero sí lo acompañan muchas personas dentro de la isla. Me atrevo a decir, incluso, que fuera de Cuba se le escucha más. México, sobre todo, ha sido un territorio donde su figura es venerada. Y creo que “venerada” es la palabra correcta para describir la devoción con que lo siguen en ese país.

De Amaury se recuerda, ante todo, Acuérdate de abril, una canción importante dentro del cancionero cubano.

Guardo del cantautor una anécdota personal. Cuando publiqué en el diario Granma en 2009 la exclusiva sobre la realización del concierto Paz sin Fronteras en La Habana, omití su nombre. La ausencia no respondió a ninguna razón personal. Sencillamente ocurrió porque el funcionario que me ofreció la información olvidó mencionarlo como director artístico de aquel ya histórico concierto. El mismo día en que salió publicada la noticia, Amaury apareció en el Noticiero del Mediodía defendiendo el puesto que ocupaba dentro de ese espectáculo que, según cálculos oficiales, reunió a un millón de personas en la Plaza de la Revolución. Creo que ese episodio resume, de alguna manera, un rasgo de su personalidad.

La anécdota más conocida sobre Amaury ocurrió cuando unos inspectores —o policías, da lo mismo a esta altura del relato— visitaron su casa con la intención de decomisarle una antena parabólica. Según ha contado el propio artista, defendió su derecho a ver desde su hogar los canales “de afuera”, entonces prohibidos por el gobierno de Fidel Castro. Y, según su versión, ganó la pelea. La prohibición de las "parabólicas", dicho sea de paso, ha pasado hasta el gobierno de Diaz-Canel.

En años más recientes fue conductor del programa Con dos que se quieran, un espacio realmente valioso por la cantidad de testimonios —muchos de ellos inéditos— ofrecidos por figuras relevantes de la cultura cubana. Fue una lástima que desapareciera de la televisión. La causa, según explicó el propio Amaury, fue la falta de presupuesto esgrimida por los directivos del entonces ICRT. A mi juicio, ese programa constituye uno de los aportes más importantes del músico a la cultura cubana en tiempos recientes.

Amaury Pérez también ha publicado varias novelas que revelan su pulso como narrador y con las que ha conquistado a otro sector del público dentro de la isla.

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